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…el escandaloso respirar que me provoca pensarte…

Primer momento.

Hay una especie de jardinera formada a partir de todas las botellas vacías y montones de hojarasca y tierra y desperdicios biodegradables alimentando flores, hierbas, tubérculos y algunos hermosos ejemplares de la familia de los acrididae. Estos últimos han sido inmortalizados en imágenes ya olvidadas para mantener una memoria viva a propósito de las incapacidades.

Sí. Es cierto: galopan sin dificultad al viento con chirridos molestos, fauces siempre abiertas y una inquietante necesidad de alimento. La plaga esparce el mal alrededor de esa vida para destruir y abonar al mismo tiempo. Gracias a ellas la muerte de un campo representa esperanza para algunas aves, la mayoría gorriones, y ocasionalmente para un pequeño roedor que cohabita en esta vecindad de seres multidimensionales, aerobios y en permanente acción, aun cuando descansan.

Es marzo ya. El romanticismo de la naturaleza es un cliché manifiesto y siempre sorprendente, en especial cuando las varas secas de las nochebuenas, aparentemente muertas desde hace meses, empiezan a generar retoños tras los tallos de otras especies vegetales alrededor. También el limonero hace lo suyo y ha decidido reverdecer. De una semana a otra alberga nuevas hojas y, pese a su tamaño, es hoy el amo y señor de un espacio individual de apenas 30 centímetros de diámetro, similar al de la menta cuya maceta ha empezado a cubrir de sí misma porque al parecer odia estar sola.

Qué curioso. Se esparce para sentirse acompañada y no deja de ser únicamente ella…

Segundo momento.

Hay demasiadas sombras en persecución, detrás y junto al que soy de día, sin obstáculos suficientes para impedirles acercarse. Andan con las hormigas y evaden las grietas en el suelo, rodean los pasos y se burlan del andar. Antes solo me daba oportunidad de ignorarlas porque no eran tantas, pero estas últimas ocasiones se han vuelto más arriesgadas y aparecen de la nada en diversas situaciones.

Hace días, por ejemplo, estaba dentro de un recinto cerrado deleitándome con una hermosa visión, en medio de una oscuridad apenas rota por la proyección de decenas de imágenes en las paredes. Llegaron. Surgieron burlonas bajo tus pies sin prestar mayor atención a los otros seres humanos ahí reunidos.

Son solo sombras, lo sé, pero puedo asegurarlo sin problema: me observan. Deben tener diversas formas para visualizarme y lo hacen sin reparo mientras  me distraen y dejo de prestarte atención porque ellas andan siempre cercanas a una superficie sin importarles la textura o la propia luz. Esta vez se posicionaron muy cerca –demasiado- de tus brazos descubiertos. No podía saberlo, aparentaban querer atacarme a través de ti.

Ignoro la razón para el asedio pero, sabedor de ser el objetivo, por 30 o 40 segundos te abandoné y ellas me siguieron. No. El término correcto es “acompañaron”.

Hacía tiempo no me sentía tan profundamente solo…

 

Tercer momento.

El ruido generado por el viejo refrigerador parece emular el funcionamiento de mi propia maquinaria. También gastada. También antigua.

Alguien habló conmigo desde dentro en una lengua incomprensible. Luego se despidió y me dejó ahí. Se fue de casa. Alcancé a verle por el rabillo del ojo abandonando la habitación, hecho confirmado en el reflejo del cristal en la cocina mientras limpiaba vasos y platos y cucharas acumulados siempre.

Apenas se detuvo un momento en el quicio de la puerta y los molestos chirridos regresaron acompañando trinos desde el árbol en la entrada.

Algunos rayos de sol le atravesaron para impactar las baldosas en la sala y los sonidos del ambiente: motores, cuerdas, máquinas y el escandaloso respirar que me provoca pensarte. Todos unidos en una suave armonía inundando el entorno hasta las hojas nacidas de mi árbol de limón y los tallos de las flores invernales que nacerán a fines de marzo o principios de abril.

Será entonces el cuarto momento: cuando mi locura vuelva arrepentida por el abandono y libere estas sombras bajo mis dedos, cuando un perfecto aroma a menta me distraiga por un segundo de la perfección oculta en la desnudez de tu cuerpo…

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Artículo publicado originalmente en: https://www.forbes.com/ escrito por Ashlee Fowlkes

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