jueves , noviembre 15 2018
Home / Soy buga / … dos siluetas en pequeños movimientos cadenciosos y violentos…

… dos siluetas en pequeños movimientos cadenciosos y violentos…

Soy Buga, la columna de GustavoT

Días hace que fui a Querétaro. El cumpleaños de un querido amigo, con quien coincidí en un espacio laboral. R es alto, complexión robusta, barba cerrada, ojos coquetos… Es un bombón, según decía mi C, galán, pues. Luego de escuchar al trío que lo acompañaba, porque toca varios instrumentos musicales y canta, acudió hacia donde me encontraba, para presentarme a una pareja que recién llegaba.

Coincidimos en la mesa y sostuvimos una agradable conversación. Ya en mayor confianza, cuando su esposa fue a otro sitio, acercó su silla y, a manera de confesión, me dijo: -¿No me recuerdas? –Desde que te vi me pareciste conocido, pero no te ubico de dónde, respondí. –De la escuela…

Hablaba, pero me perdí en el esfuerzo de recordarlo. De pronto, apareció una imagen seguida de otra, aisladas, sin secuencia:  Moreno, estatura regular, bien parecido, cabello un poco largo, rizado en las puntas, con sus libros en la mano derecha, tomaba de la mano a su novia.

Luego, una imagen más: en la penumbra nocturna de un salón de clases sin luz, dos siluetas en pequeños movimientos cadenciosos y violentos; una más, que continuaba la anterior: el abrir de la puerta del salón, donde apareció su figura, seguido de otro compañero, más delgado y alto que él.

Una última visión fue que desde que salió del aula no me dejó de observar y su lenguaje corporal fue amenazante, aunque en la cotidianidad se había mostrado muy amable; incluso, sentí que vendría hacia mí. Permanecí sentado, sin dejar de cruzar miradas, pero a escasos metros de que llegara, me puse de pie. Dejé de verlo, porque mi amiga se aproximaba hacia mí. Me abrazó. No tengo presente ninguna imagen más.

-Ya recuerdo –dije sorprendido por las imágenes de hacía algunos años que aparecieron durante la conversación. Claro que sí. Pasó mucho tiempo. –Todos estos años estuviste presente, no olvidé tu nombre, recalcó.

Nos incorporamos y nos dimos un abrazo. Su mirada era como si buscara complicidad, discreción o solo silencio.

La pequeña tensión que pudo haber sentido disminuyó con lo agradable de la plática, además que expuse pasajes de mi amigo C y mi relación con él. Su rostro se transformó. Había sorpresa, pero más duda sobre mí y mi relación con la otredad masculina. En otro acercamiento, me preguntó sobre mi preferencia… lo vi a los ojos y sonreí.

Evidentemente, el infaltable tema. Me sorprendió la forma de abordarlo y la civilidad imperante: En un estado caracterizado por años de preferir un partido político, había indecisiones e indefiniciones.

Las anécdotas desviaban la conversación, lo cual permitía hacer más relajada la plática del grupo, el cual se incrementó de manera paulatina. Cada uno tenía una experiencia que quería contar; incluso, el tema tabú de las diferencias sexuales fluyó.

Recurrente:  “¿Y si gana ya sabes quién?” “Mejor, como estamos”…

Nadie increpó ni discutió. Expusieron sus temas, temores, filias y fobias, así como información sobre estadísticas, posiciones, presunciones, informaciones y desinformaciones sobre escenarios posibles y, principalmente, la corrupción.

Lo interesante del ejercicio que fluyó sin que nadie tuviera interés alguno en convencer fue la necesidad de que la clase política asuma su responsabilidad. La coincidencia fue el hacerles entender que la sociedad a la que pertenecen ha caído en la desconfianza y que el contrato social está por terminar, enfrentado a ellos.

La indignidad porque esa clase ajena a la honradez y honorabilidad percibe una realidad de riqueza ajena, sin el menor asomo de vergüenza por sustraer dinero que pudiera destinarse al bienestar social.

Complicidad en acciones para evitar ser señalados o detenidos, al verse descubiertos por desviación de recursos, manipulación legislativa, cobro de cuotas económicas o de espacios en la administración pública.

La fractura de la economía con el entorno ambiental, resultado del ámbito corrupto de permisos de la autoridad para explotar el recurso natural, sin que se les pueda hacer ver que una visión reducida y egoísta afecta a la comunidad entera.

El empresariado que tiene la alta responsabilidad de generar riqueza, producir bienestar a la comunidad, a través de la creación de empleos con el pago digno a quienes dependen de su actividad, para hacer crecer el mercado interno y permitir que la gente viva en sus comunidades de una manera decorosa y no ver la migración como una meta para obtener un objetivo: llevar bienestar a sus familias.

En todo ello, asumir el rol de cada integrante de la sociedad sin permanecer pasivos:  Participación social, como clave de la mejora.

Pocas reuniones he sentido con más sentido que ésa. Gente de bien, dedicada a su vida y a querer mejorar su entorno económico y social. Respetuosa.

Durante la reunión, percibí miradas escrutadoras de mi recién encontrado amigo, palabra que uso porque en ese período de mi vida fuimos cercanos… aunque no tanto, como con quien lo vi.

A su partida, se despidió con: Me gustaba mucho esa novia. Y cada vez que la recuerdo, me acuerdo de ti, por la frase que me dijiste: No seas pendejo, ya la tienes… no la dejes ir…

 

About GustavoT

Check Also

Mujer fuerte: se puede llorar, gritar… tirar la toalla de vez en cuando

En la intimidad con Lotta

Deja un comentario