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Diversidad Somos Todos

Hablemos de transexualidad

La transexualidad es la condición humana que se caracteriza cuando no hay concordancia entre el sexo biológico (cuerpo) y la identidad de género.

Cuando un bebé nace se le asigna un sexo dependiendo únicamente de sus genitales, y utilizando como guía las dos combinaciones mayoritarias estadísticamente hablando. Sin embargo, es necesario tener en cuenta la inmensa diversidad del ser humano y saber que existen muchas más posibilidades, como son las niñas con pene y los niños con vulva. La identidad sexual reside en el cerebro y no en los cromosomas o en la configuración de los órganos reproductores.

Entre los 2 y 4 años las personas comenzamos a ser conscientes de nuestra identidad sexual. Los niños y niñas pueden mostrar de forma espontánea que no se sienten de acuerdo con el sexo asignado al nacer.

El tránsito social es el tiempo en el que las personas trans se abren al mundo, mostrándose públicamente según su sexo sentido. Que les reconozcan por el nombre con el que se identifican, que se les permita vestirse y comportarse de acuerdo a su identidad sexual es indispensable para su bienestar y autoestima

A lo largo de los siglos los humanos hemos estado haciendo lo mismo en el momento del parto: mirar los genitales del bebé y en función de ellos, adjudicarle un sexo. Si hay pene y testículos es un varón; si hay vagina y vulva es una hembra. Así de fácil. Aunque algunas veces estos genitales no están tan claros (casos de intersexualidad), no por ello se ha cuestionado nunca que la clasificación hombre/ mujer en base a los genitales pudiera ser errónea; se prefería ver la anormalidad en las personas intersexuales.

Aunque la mayoría de las personas trans consultan a un psicólogo durante la adolescencia, lo cierto es que su identidad la descubren muchos años antes. “La identidad de género es un proceso que se refleja a muy temprana edad, la que está casi establecida a la edad de tres años”, explica Janet Noseda, psicóloga y experta en temas de sexualidad y género. Ello dado que en la infancia es cuando se asignan roles según el órgano sexual con que nace la persona. Aunque eso no sería razón suficiente para determinar lo femenino y lo masculino.

Gracias a los estudios realizados sobre personas intersexuales, se sabe hoy en día que la transexualidad es un fenómeno biológico y que el sexo, además de en las gónadas, los genitales y los cromosomas, también está en el cerebro y no en sentido figurado, sino en el literal; el cerebro es un órgano sexuado y su valor se impone al de  todos los demás órganos. Es decir, si tu cerebro es masculino, eres hombre. Un hombre con vagina sí, pero tan hombre como todos los demás; y lo mismo ocurre, obviamente, con las mujeres, mujeres con pene, mujeres transexuales. Una vez que aceptamos esto, parece insensato seguir afirmando que los hombres son aquellos que tienen pene y mujeres las que tienen vagina siendo que hay un porcentaje de personas nada desdeñable que no cumplen este supuesto.

Aunque las personas transexuales coinciden en tener recuerdos desde la primera infancia sobre su sensación de no pertenecer al sexo asignado al nacer, también es cierto que así mismo son conscientes de que por uno o varios motivos, jamás se atrevieron a verbalizar este sentir. Es decir, el silencio de la infancia trans abarcaba todos los eslabones de la sociedad hasta llegar al propio niño que percibía de tal manera el tabú,  que de ninguna manera sentía el derecho a mostrarse públicamente como era y sentía y sí percibía, por encima de todo, que el equivocado era él y que debía ajustarse a lo que la sociedad le había deparado. Para ello no le quedaba más remedio que vivir una vida de mentira, continuamente interpretada bajo el disfraz que coincidiera con el sexo adjudicado al nacer.

A veces los chicos recurren directamente a la palabra para poder expresar lo que les ocurre: “Por ejemplo un varón biológico diciendo ´soy nena´ o conmigo se equivocaron no soy nene, yo soy nena, pero de manera coherente y sostenida en el tiempo”, explica Adrián Helien, médico psiquiatra, sexólogo y coordinador del Grupo de Atención a Personas Transgénero (GAPET) del Hospital Durand. Es vital, por eso, prestar atención a cada una de estas manifestaciones. Y tener en cuenta, según destaca el especialista, que la experiencia transgénero en la niñez puede ser transitoria. “Sólo el 20 % de los niños que tienen estas vivencias llegan a ser adultos trans”, subraya el especialista. De ahí la importancia de hacer un seguimiento de las inquietudes del niño en el trascurso del tiempo.

Cómo ayudarlos

La respuesta está en el amor. Aunque parezca obvio o trillado es fundamental dar afecto. “Esto es de vital importancia, porque muchos padres cuando el niño/a no entra en las categorías normativas esperadas para varón/ mujer, les quitan el afecto, se enojan, los castigan. Esto es muy grave ya que puede afectar al niño/a en muchos aspectos: desde herir su estima hasta provocar problemas de salud. Hay estudios que hablan de, por ejemplo, que el riesgo de suicidio aumenta considerablemente en niños/ as con expresión trans que no fueron aceptados por sus padres”, destaca Helien. “Nada peor que reprimir, castigar tales expresiones. Los niños no saben de las reglas rígidas que los adultos les imponemos”, añade.

Es fundamental, a su vez, entender que el universo de posibilidades es eterno y buscar encasillarlo en pequeños compartimentos estancos es uno de los errores más habituales. La idea de que nena=rosa=muñeca o que nene=celeste=pelota es una sobresimplificación que resulta nociva. “Ser flexibles en esto es de gran ayuda. Luego también habría que hacer una intervención en la escuela, ya que esta institución también suele ser muy rígida en las asignaciones de género y los niños/as con expresiones trans suelen recibir acoso o bullying. Muchas veces tanto la familia como la escuela necesitan asesoramiento y acompañamiento de un equipo especializado”, señala Heilen.

Por su parte, Valeria Paván coincide en la necesidad de trabajar en conjunto con los padres, psicólogos e instituciones. Ella coordina el programa de acompañamiento integral para personas trans que se lleva a cabo desde el CHA. En este marco, se hace un seguimiento en cada una de las instituciones a las que asisten los niños o adolescentes.

Claves

-Escuchar al chico.

-Respetar sus necesidades.

-Evitar sobresimplificar o apurarse en encasillarlo en uno u otro género. A veces todo es parte de un juego.

-Consultar con especialistas para que acompañen el proceso.

-Recurrir a instituciones u hospitales como el Durand donde se ofrece asesoramiento para el menor y la familia.

Indicios:

Si adopta roles de niña, se coloca bufandas en la cabeza a modo de melena, se viste constantemente con ropa femenina, o se disfraza de princesa o hada, puede estar diciendo que es niña.

Si adopta roles de niño, se resiste a que lo vistan con faldas o vestidos, es incapaz de llevar diademas, coletas o cualquier accesorio femenino, puede estar diciendo que es niño.

Hay niños y niñas que se identifican con nombres del sexo opuesto al asignado, y que piden que se dirijan a ellos y a ellas de ese modo.

Para saber más:

Asociación de familias con menores transexuales Chrysallis: http://chrysallis.org.es/

Asociación de transexuales de Andalucía Silvia Rivera: http://www.atandalucia.org/

 

 

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