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Discursos y delitos de odio: ¿Cómo los identificamos?

Por: Norma Celia Bautista Romero (norma@humanismo.mx)

Recientemente el Instituto de Derechos Humanos de Cataluña y S.O.S. Racisme, organización de la sociedad civil de Francia, publicaron el Manual práctico para reconocer y actuar frente a discursos y delitos de odio.[1]

En este tenor indican que un delito de odio contempla dos elementos: que la conducta tenga un referente punitivo en el ordenamiento jurídico, y la existencia de motivación por parte del agresor, enmarcada en prejuicios hacia una o más características relacionadas con la identidad de las víctimas, tal es el caso del idioma, la religión, el color de piel, la discapacidad, la etnia, la nacionalidad, el género, la orientación sexual, el estatus migratorio, etc.

Existirán casos en donde tengamos presente la motivación, pero la conducta no puede ser clasificadas como un hecho delictivo, sin embargo, este tipo de incidentes suelen su antecedente. Además, las afectaciones no siempre recaen en individuos o grupos con alguna de las características mencionadas, bastará que el agresor justifique su actuar en la simple creencia de pertenencia o de apoyo a estos individuos o colectivos.

Por su parte el discurso de odio, hace uso de una o más formas de expresión específicas, como por ejemplo instigación, humillación, acoso, descredito, menosprecio, estigmatización, etc.; ello basado en una o más características de él o los individuos.[2]

Este tipo de discurso puede configurar desde tipo penales, hasta acciones civiles para exigir que el agresor se responsabilice de sus comentarios intolerantes y discriminatorios, más allá de una justificación desde el derecho a la libertad de expresión. Sobra decir que, si bien este derecho es fundamental, el mismo tiene limitaciones cuando presenta ataques a la moral, vida privada y derecho a terceros.

Ahora bien, para identificar un delito de odio podemos echar mano de algunos indicadores no limitativos, como son: manifestación expresa de prejuicios, determinación del lugar y tiempo de la agresión, toda vez que es frecuente que sucedan en lugares donde comúnmente se reúnen grupos o individuos, así como fechas o días significativos, finalmente cuando es difícil determinar el móvil pero existe uso excesivo e inexplicable de la violencia, entonces usualmente se relaciona con algún tipo de prejuicio por parte de los agresores.

Igualmente, para reconocer un discurso de odio hay que analizar la respuesta a las siguientes preguntas: ¿Quién está hablado y de quién está hablando?, ¿Cuál es el contenido del mensaje?, ¿Qué impacto o consecuencias puede tener el mensaje?, ¿Cuál es el objetivo de quien habla?, ¿Cuál es el alcance del mensaje?, ¿Cuál es el contexto social en el cual se dio el mensaje? y ¿Se trata de un patrón de discurso?

Hoy día, por ejemplo, el uso de internet aumenta la difusión de discursos de odio: su fácil acceso, su alcance, la sensación de distancia y el anonimato, son el caldo de cultivo para lograr un efecto amplificador y divulgador de este tipo de mensajes, a esto se abona que los agresores ya no sólo se encuentran en grupos extremistas, sino que cualquier persona puede realizarlos. Este fenómeno es más visible en redes sociales.

Por su parte representantes políticos, líderes religiosos, influencers y medios de comunicación al tener mayor visibilidad, posicionan en la agenda pública los temas que “deben” considerarse relevantes o como “deberíamos” representar la realidad social. En algunos casos ese poder mediático no va acompañado de una verdadera responsabilidad de comunicación, lo que conlleva a que los discursos de odio se propaguen a una velocidad y con alcance preocupante.

Al final, las manifestaciones de odio tienen un fin específico: rechazar y excluir la diferencia, no reconociendo al otro como un reflejo de nosotros mismos, esto violenta derechos tan fundamentales como la igualdad, la no discriminación, así como la dignidad de las personas. La forma de combatir estos delitos y discursos es mediante la sensibilización, la educación, la capacitación-empoderamiento, la denuncia, el monitoreo y el acompañamiento a víctimas.

Resulta imperioso el apoyo a estas medidas para evitar que las manifestaciones de odio se reproduzcan, revictimicen o, en el peor de los casos, nos haga poner en duda el dicho de las víctimas.

Para más información y comentarios relacionados con este artículo o para conocer las acciones y el trabajo que realizamos en Humanismo & Legalidad en favor de la población LGBTTTI, les invitamos a comunicarse al correo  contacto@humanismo.mx, o visitar nuestras redes sociales.

 


[1] Bazzaco, Edoardo, et. al, Manual práctico para reconocer y actuar frente a discursos y delitos de odio, Institut de Drets Humans de Catalunya, S.O.S. Racisme, Barcelona, 2017, disponible en: https://www.idhc.org/arxius/recerca/1517393506-ES_ODIO__Manual_practico_vF.pdf 

[2] Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, Consejo de Europa, Recomendación General No. 15 relativa a la lucha contra el discurso de odio, 08 de diciembre de 2015, disponible en: https://www.coe.int/t/dghl/monitoring/ecri/activities/GPR/EN/Recommendation_N15/REC-15-2016-015-SPA.pdf

 

 

 

 

 

 

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