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Depredador y presa…

El alcoholímetro está a menos de dos kilómetros y no hay desviación alguna para evadirlo. No hay farmacias, taquerías, talacherías o algo a estas pinches 3 de la mañana para fingir un insomnio provocado.

El sol arde seguro al otro lado de la tierra y esta noche, a simple vista, la luna está muerta.

No estoy en las mejores condiciones, nunca lo he estado. Esta situación tan impropiamente mía es una de las peores cargas que he tenido que sobrellevar y atender, so riesgo de terminar recluso en alguna de esas instituciones del Estado para justificar acciones, pensamientos, ideas, planes y pérdidas.

Todas sin sentido.

Mientras avanzo al incierto encuentro con los y las oficiales de la ley, escucho una hermosa balada cortesía de Maria Brink. Se llama Blazin’. No miento cuando digo que In this moment es uno de mis grupos preferidos.

Lo cierto está justo frente a mí.

Son dos visiones sobrepuestas a los costados del mirar y entrecruzadas porque así debe ser. Si algo perturba la normalidad no son alas de ángeles o distantes susurros de una “alma vieja”, sino amaneceres, glaciales, nevadas y cabañas rodeadas de flores ajenas a esta tierra en bosques desconocidos.

La primera tiene que ver con la oportunidad de acelerar el ya gastado motor de la Explorer y destrozar todos esos obstáculos que impiden el avance continuo: los plásticos, las luces y su maldita estroboscópica advertencia y también los cuerpos enfundados en uniformes oficiales y su patética disposición a protegernos de quienes ponemos en riesgo nuestra vida y también la de terceros por ingerir bebidas de las malas, las que embotan los sentidos e impiden la adecuada coordinación y atención en los detalles de la vía, y aun así atrevernos a lo imposible. Bailar, por ejemplo.

La segunda es una mirada avellanada en ojos lejanos. De hombros desnudos y sonrisa natural en labios perfectamente alineados al espiral del infinito que sugieren porque así le percibimos: lejana, presente, siempre distante…

Ignoro la razón.

Estoy a unos 100 metros de la inspección y todavía faltan 17 días.

Es un buen número. Ignoro –también-, por qué. Solo me gusta.

Sonrío.

Pienso desde ya.

Es una mujer. Activo el control eléctrico de la ventanilla y a ninguno importa el lento descenso del cristal. El sistema está averiado.

  • Buenos días joven, estamos aplicando el operativo de seguridad para prevenir accidentes. ¿Ha consumido bebidas embriagantes en las últimas dos horas?

A decir verdad sí, aunque no fue una bebida, oficial. Tomé dos cervezas al salir de la oficina mientras planeaba cómo acercarme porque, sabe usted, a veces veo doble y no me refiero a observar dos veces la misma imagen, sino a una serie de visiones totalmente diferentes. El problema es que puedo llegar a sentirme al tiempo depredador y presa…

  • Señor, le voy a pedir que se orille para confirmar que está en condiciones de seguir…

Claro oficial, sin problema, y mientras usted examina cómo me encuentro, si me perdona el atrevimiento, ¿podría ayudarme?

  • Para eso estamos aquí, señor. Dígame, ¿en qué puedo servirle?

Pues es muy simple, creo, pero no encuentro respuesta.

Le hablé de ti mientras caminaba en recto sobre una línea imaginaria. Le hablé de ti mientras hacía “un cuatro” con mis piernas, cuando tocaba la punta de mi nariz con el índice y también cuando soplé en el pitillo del aparato ese raro. Creo hasta murmuré tu nombre cuando preguntó el mío.

 

Ella sonrió.

  • Usted no está indispuesto, señor, más bien su atención está en otro sitio y eso es también un factor de riesgo…

Lo sé, oficial.

  • ¿Y qué hará?

No lo sé. Por el momento creo que debo esperar a que usted me permita seguir mi destino.

  • ¿Y cuál es ese?

Lo ignoro, oficial. Quizá llegar a casa y seguir pensando, imaginando y viendo todas esas cosas en los dos canales. Tal vez beber un caballito de tequila sin nada en la cabeza, incluso hasta podría intentar dormir un poco. ¿Sabe? padezco insomnio.

  • Ay señor, vaya con cuidado y que tenga suerte.

Gracias oficial, pero no es cuestión de suerte. Hasta pronto.

 

Desperté alrededor de las 10 de la mañana en mi día de descanso.

Había soñado contigo…

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