domingo , agosto 19 2018
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Del lesbianismo de sor Juana

 

Esta columna se arriesga una vez más a ser tachada de ocultar los deseos más bajos y reprimidos de su ser en memoria de una de las escritoras más fantásticas y enigmáticas que México vio nacer: doña sor Juana Inés de la Cruz.

Esta mujer fue ocasión para que el expresidente José López Portillo hiciera algo positivo y declarara el 12 de noviembre el Día Nacional del Libro.

Por si no les queda claro, la relación tortuosa entre literatura y sexo existe desde tiempos en que las mujeres sólo podíamos continuar nuestra educación dentro de conventos.

Juana era tan inteligente y adelantada a su época que escribía versos en los que explicaba lo que el sexo implica: un cúmulo de experiencias y aventuras que nunca deben catalogarse dentro de un concepto social único como la heterosexualidad.

Esta mujer que no estudiaba para saber más sino para saber menos, conoció a María Luisa de Paredes, virreina de la Nueva España, quien probablemente inspiró varios de sus poemas:

“Ser mujer, ni estar ausente,

no es de amarte impedimento;

pues sabes tú que las almas

distancia ignoran y sexo”

Aunque en los tiempos de sor Juana la homosexualidad era (y a mi parecer sigue siendo) inexplorada y tan incomprendida, la autora de Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón… tenía claro en ‘Phyllis’ las cuestiones del amor verdadero:

“Vuelve a ti misma los ojos

y hallarás, en ti y en ellos,

no sólo el amor posible,

mas preciso el rendimiento…

Entre tanto que el cuidado,

en contemplarte suspenso,

que vivo asegura sólo

en fe de que por ti muero”

 

A pesar de los intentos de esta escritora por dividir el sexo del amor, Inés sabía exactamente que el deseo y el alma brotan desde un rincón de nuestro ser que la razón nunca entenderá, como precisa en ‘Mi lady’:

“Pedirte, señora, quiero

de mi silencio perdón,

si lo que ha sido atención

le hace parecer grosero.

Y no me podrás culpar

si hasta aquí mi proceder,

por ocuparse en querer,

se ha olvidado de explicar.

Que en mi amorosa pasión

no fue descuido, ni mengua,

quitar el uso a la lengua

por dárselo al corazón”

Entonces queridos lectores, en tiempos en que el racismo está más fuerte que nunca, es tiempo ya de mirar las letras que nos enseñan que el amor hacia el otro importa más que las individualidades superfluas y adjetivos denigrantes.

Dejemos de cuestionarnos quiénes somos y desatemos nuestra alma libre, leamos enseñanzas viejas y nuevas y consolidemos un mundo orgulloso de sus cualidades y diferencias.

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