martes , marzo 26 2019
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De regreso al motel

No hay nada más estigmatizado que un motel. Este lugar adaptado cabalmente para dar rienda suelta a la pasión disfrazada de amor ha sido un nido de la fornicación durante años.

Los moteles han sigo testigos de grandes encuentros sexuales, infidelidades, posturas, locuras y un sinfín de posibilidades entre los amantes.

Y otro de sus más recurrentes estereotipos es que el 14 de febrero se encuentran saturados y con gran demanda.

Esta fecha tan llena de cursilería y miel que acaba de pasar, me recordó las primeras veces que fui a un motel y volvió a mí el hueco en el estómago de los nervios al estar haciendo “algo prohibido”.

Sin embargo, esta vez en esa habitación con jacuzzi había un par de adultos que olvidaron las maravillas multiorgásmicas que se logran en un “sillón del amor” y lo divertido de intentar algunas posiciones del manual.

Además de pasar horas candentes, húmedas y “vaporosas” en una tina donde apenas caben dos.

Las estimulaciones de escuchar el playlist de “música para coger” y el hidromasaje que hacen que una se corra con mayor intensidad y facilidad.

Ahí estábamos dos treintañeros recordando las vivencias moteleras de cuando no teníamos departamentos propios ni trabajo estable. Detallando qué tipo de noviazgos vivíamos en aquellos años y las anécdotas de quedarnos encerrados en los baños cuyas chapas eran inservibles.

Sí, éramos adolescentes calenturientos que temían ser vistos por la sociedad y se alteraban al escuchar los pitidos de automovilistas graciosos al vernos pagar.

Esta vez pudimos reírnos de tan antigua broma, pedir comida malísima y beber lo que quisiéramos y por poco celebramos el hecho de pertenecer al mundo real.

Por primera vez en mucho tiempo, la cama resultó inservible pues hasta el baño del motel era más apetecible para salir de la rutina, revivir la llama del amor y burlarnos de lo estúpidas que son las creencias sobre estos lugares si estás con la persona adecuada y a la edad exacta.

Al terminar la velada, con un rico y refrescante olor a Rosita Venus, no fue necesario cuidar cada detalle de mi vestimenta ni secar mi cabello para que al volver a casa, nadie de la familia hiciera preguntas.

Volvimos a casa con una increíble luna enorme y amarilla, temperatura agradable y el bello recuerdo que se suma a otra larga lista de una historia.

Volvimos a casa con la convicción de que los 14 de febrero pueden convertirse en una celebración atípica y desmentimos el mito de que los moteles siempre están saturados esa fecha.

About María Fernanda Soto Aguilar

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