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Cuando la sociedad ayuda a la discriminación, la violencia será su bandera

Por Norma Celia Bautista Romero (norma@humanismo.mx)

Hablar de derechos humanos tiene siempre dos formas de abordaje, el primero y el ideal, es comentar los avances qué Estados o autoridades han llevado a cabo a su favor y como estos, mediante diversas acciones, han resultado eficaces. La segunda tiene que ver con la desatención de las obligaciones de promoción respeto, protección, garantía, así como los deberes que nacen ante su vulneración.

Para la comunidad LGBTTTI y sus derechos, no siempre estamos en presencia de buenas noticias. Por supuesto que hemos avanzado en el reconocimiento de matrimonios igualitarios, adopción, rectificación de actas de nacimiento acordes con la identidad de género de sus titulares, protocolos de atención especializado en diversas dependencias, inclusive áreas específicas de atención cuando busquen dirimir una controversia o realizar una denuncia, pero también tenemos muchos otros pendientes.

Nuestra sociedad, aunque parece ser inclusiva sigue presentando prejuicios y estereotipos para este colectivo. Es frecuente escuchar, a manera de reclamo, que en épocas pasadas las personas no heterosexuales no eran tantas como hoy día, se les acusa de ser exhibicionistas por mostrar su afecto a sus parejas, también son considerados un mal ejemplo para niñas, niños o adolescentes cuando salen a las calles a festejar el ser quien son, inclusive hay movimientos reinvindicatorios de derechos quienes niegan la existencia de protecciones especiales a quienes se han declarado diferentes y no identificarse con su sexo al nacer.

Cada manifestación de intolerancia es preocupante, pero cuando se encuentra aparejada de violencia, es sumamente grave. Hace un par de días se tuvo conocimiento de una agresión contra una pareja gay en el Estado de Oaxaca, Francisco y David, quienes después de salir de un centro nocturno toman un taxi con placas 55-58-SJL del sitio conocido como ADO para dirigirse a su domicilio, en el camino se presenta un malentendido con el chófer de la unidad, de nombre Rodrigo, motivo por el cual deciden descender de la unidad y es cuando todo se agrava.

El taxista comienza a seguirlos y agredirlos verbalmente, haciendo uso de expresiones homofóbicas, para después pedir apoyo vía radio hacia otros taxistas bajo el argumento de un intento de robo, es así como al lugar llegan más unidades y azuzando a la gente que se encontraba en los alrededores Francisco y David sufren un intento de linchamiento, soy golpeados por varias personas y uno de ellos es semi desnudado. Imágenes de ellos sentados en la calle, visiblemente golpeados, con sangre en el rostro y ropas, así como uno de ellos sin ropa en la parte inferior del cuerpo fueron difundidas por medios locales.

La agresión fue narrada por una de las víctimas en redes sociales, lo que dio pie para que colectivos simpatizantes realizarán una manifestación por los hechos ocurridos, sumando consignas por otros casos que se han presentado en la entidad, en contra de grupos en situación de vulnerabilidad.

En redes sociales, la publicación empieza con la siguiente frase: “malditos asi son pero pues bueno no paso amallores asi es esto arrieros somos y en el camino andamos (sic)”. Estas líneas son las que originan la reflexión que hoy tienen en sus manos. Esas palabras dan cuenta hasta donde hemos tenido que llegar para ser tan intolerantes sobre las decisiones de otros, decisiones personales sobre a quién amar, pero sobre todo nos muestran que en algún momento, por supuesto aquí entran temas de inseguridad, su nulo combate y la percepción ciudadana que se tiene de este tema; es posible unirnos como sociedad para reaccionar sin saber todos los hechos, simplemente por la decisión de una persona quien a sabiendas de cómo se reacciona en colectivo, pide apoyo para agredir a alguien con quien previamente se tuvo un desacuerdo.

Pero si esto es grave, más grave es que los grupos que son discriminados y viven en opresión, hayan interiorizado que esto no va a cambiar. Me provoca un enorme dolor en mi corazón derecho humanero, el que después que has sido humillado, golpeado constantemente, que temieras por tu vida, que se te muestre en la calle sentado en el piso con tu propia sangre en el rostro, con tu compañero al lado igualmente golpeado, y a pesar de eso agradezcas de cierta manera, que no pasó a mayores, que estas vivo o peor aún que reconozcas que este tipo de agresiones son las comunes por no ser heterosexual.

Por supuesto que esto alarma, hemos dicho en otras ocasiones que el Estado tiene obligaciones, lo reiteramos, pero también la sociedad tiene las mismas obligaciones respecto a los derechos humanos: conocerlos, defenderlos y sobre todo respetarlos. Esto es lo que se requiere para frenar este tipo de acciones. Entender que podemos ser diferentes y que esa diferencia no es motivo de segregación o agresión, es pasar a una estadía donde la paz y la convivencia armónica sean una realidad.

Por desgracia, este caso vuelve a señalar que aún estamos muy lejos de esa utopía, pero también nos brinda áreas de oportunidad, nos permite ver claramente que seguir enseñando de qué van los derechos humanos y el respeto, será la piedra angular para garantizar los derechos de todos. Quisiera pensar que en algún momento no tendrás que asumir que querer o amar a alguien se vuelva peligroso para la sociedad, que si tú o tus clientes son heterosexuales u homosexuales eso no importará porque puedes brindar un servicio sin que tus prejuicios interfieran y que si alguien en la calle te pide agredir a otros, tengas tus propios inhibidores para rechazar una petición de esa naturaleza. Porque sin esa lógica, los próximos podemos ser tú o yo, los que quedemos tendidos en la calle ensangrentados, porque alguien más no ha compartido nuestras ideas, creencias o pensamientos, y entonces sí, en ese momento habrá acabado la esperanza para todos.

 

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