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Cuando la imagen que vendes y lo que eres en realidad no coinciden… 

Espacio Mostroso, ilustración: Siul Rodri

Los seres humanos somos criaturas curiosas. A veces nos enfocamos tanto en presentar un frente de perfección con tantas fuerzas que nos olvidamos de quiénes somos en realidad. Le dedicamos tanto tiempo preocupándonos de lo que la demás gente pensará de nosotros que olvidamos la importancia de enfocarnos en cuidar la opinión que tenemos de nosotros mismos, y con el tiempo, simplemente se nos olvida lo que es. Triste, muy triste.

He conocido a todos tipo de personas en esta vida. He sido afortunado porque así tengo la oportunidad de hacer lo que más me gusta: observar. No, no zorrear… observar. Siempre se me ha hecho fascinante ver el comportamiento humano y preguntarme el por qué de tal o cual acción. Se me hace lo más interesante del mundo. Igual, no quiere decir que me la paso analizando a la gente como  muchas personas erróneamente creen, simplemente el ser testigo siempre ha despertado mi curiosidad.

Y algo que he notado mucho es cómo la gente cuida que su imagen sea limpia y perfecta. Que siempre dé la impresión de ser una buena persona (en vez de enfocarse en realmente ser una buena persona). Como que en esta sociedad en realidad importan las apariencias y no lo que son en realidad las cosas. Como esos líderes religiosos que te recitan la biblia completa y te condenan por no seguir sus pasos impíos mientras manejan un carro del año y tienen amantes de todo tipo. Mientras la gente no sepa, no hay problema. Al parecer, el pecado solo es pecado cuando se hace público…

Como hace un tiempo conocí a una persona que de buenas a primeras parecía muy amable. Ayudaba a la gente que tenía necesidades, le daba de comer a cualquier persona que le pedía, le pagaba a un chico para que le hiciera pequeños trabajos en su casa porque batallaba para encontrar trabajo, incluso hasta apoyó a mi pareja para encontrar un departamento cuando ocupaba mudarse. En realidad me llamó mucho la atención esta mujer porque es muy raro conocer a alguien que en realidad ayudar a otros. Resulta que al final de cuentas, terminó siendo el clásico caso de doble cara. Se quejaba de que la gente abusaba de ella y que solo se “tragaba su comida”, era mentirosa, venenosa y se la pasaba creando chismes y conflictos entre los que la conocían. Mentía, robaba y hablaba mal de la gente. Definitivamente le salía el cobre en cuanto se descuidaba un poco. Y luego se preguntaba por qué no tenía amigos. Claro, todos nos alejábamos cuando nos dábamos cuenta de cómo es en realidad.

Me he topado con gente que se la pasa robando el dinero de las empresas donde trabajan mientras acusan a los demás de que hacen lo mismo. Lo curioso es que cuando sale a la luz todo lo que se han embolsado, se hacen los ofendidos y pegan de gritos diciendo que los ofenden por decirles rateros. Literalmente he visto yo mismo a un director que le dijeron ladrón en su cara cuando se descubrió una tranza que estaba realizando y el hombre se alteró y casi vuelan los golpes. Al final lo corrieron por tranza… ¡Oh pues!…

Cuando alguien está siendo infiel, resulta que se pone de un humor insoportable y con unos celos mortales, acusando a su pareja de que anda haciendo las rondas.  Y luego, cuando llegan las cuentas pendientes a cobrarse, después de indignarse y cansarse de decirle a su pareja que están locos, ya que no hay forma de negarlo, se sueltan llorando y piden perdón. O sea, ya se sienten mal una vez que les descubrieron la jugada, pero mientras, se hacen los que no matan una mosca y que son la pareja perfecta y sin mella alguna y resulta que están tan pateados como una olla vieja (aunque la olla vieja de perdida es fiel). Y para cerrar con broche de oro, hasta tienen el atrevimiento de sermonear a la gente de lo bueno es que es su matrimonio.

No creo que sea algo bueno hacer como que somos perfectos, mis queridos unicornios. A mí me encantaría poder decir que lo soy, pero como ser humano, no puedo hacerme tonto. Cometo errores y a veces me sale lo bestia. Tengo una boca muy impertinente y me cuesta trabajo no ser grosero cuando me siento atacado. Soy una mula y a veces el veneno me fluye de forma tan natural que a veces me pregunto si no tendré ADN de serpiente. Nunca me he puesto una máscara de perfección porque sería algo falso. Prefiero mejor compartir mis errores con ustedes para que no caigan en lo mismo, y para ver en dónde he metido la pata para poder aprender de eso y no caer en lo mismo.

No se vale tener doble cara ni hacer como que la virgen nos habla. No seamos hipócritas porque entonces caeremos en lo mismo que nos molesta. Igual, cuando mis alumnos me preguntaban si alguna vez reprobé, les decía que sí, por menso, por flojo, porque es la verdad. Burro nunca he sido, flojo sí. No me da vergüenza mostrar mi lado humano ni los errores que he cometido en el pasado porque eso me ayuda a aprender y crecer y me conecta más con otros seres imperfectos. Igual me decían otros profesores que no les dijera la verdad y yo sigo sin ver qué tiene de malo. Como si mentir de mi pasado lo fuera a borrar…

Pensemos en el tipo de persona que queremos ser, no en lo que la gente va a pensar. Lo que he descubierto a través de los años es que la gente piensa lo que quiere y que cada quien tiene una imagen diferente de quién soy en realidad, por lo tanto, la única opinión que importa es la que yo tengo de mí mismo, y yo me caigo bien, espero que ustedes puedan decir lo mismo.

Seamos la persona que queremos tener en nuestra vida, no la que el resto del mundo va a aprobar…

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿son lo que son o lo que aparentan ser? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

 

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