domingo , septiembre 20 2020
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 Cuando la borrachera te domina

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

Tomar es normal, al menos lo dice mucha gente. No hay fiesta donde el alcohol no se hace presente. Está bien, es parte de nuestra cultura echarse unas cuantas en la fiesta, de hecho, muchos no consideran exitosa una reunión al menos que haya los clásicos borrachos, el que está bailando como loco hasta que se cae, la que está haciendo un escándalo con su pareja, el que está llorando porque la mujer lo dejó, etc.

La cosa es que no para todos es normal estar alcoholizados. En lo personal, a mí no es algo que me agrada mucho. No quiere decir que no lo disfruto cuando lo he hecho, sé tomarme unas cervezas o unos tequilas con mis amigos, pero no es prioridad para mí ponerme hasta las trancas de borracho cada vez que salgo de mi casa. La idea de perder el control es algo que me da mucho miedo, por lo tanto, generalmente prefiero llevarla calmado. Entre comer y beber, prefiero mil veces la comida…

De hecho, en más de una ocasión me han dicho que no soy normal por no beber. Generalmente yo era el que manejaba, así que prefería no buscarle codos a la culebra y me la pasaba tomando agua mineral para no tener ningún problema. Aún recuerdo que una vez salí con los amigos de mi ex y cuando estaban en plena fiesta, una chica me preguntó qué estaba tomando, cuando le comenté qué era, me miró con una gran desaprobación en su cara y me dijo “qué aburrido eres”, y era alguien que creía que se iba a subir a mi carro para que la llevara a ella y a su novio a su casa. Creo que el taxi les salió bastante caro…

Curiosamente, yo me divierto mucho sin necesitad de alcoholizarme. En una fiesta doy la impresión de estar ebrio porque me estoy riendo, estoy bromeando o bailando como si las inhibiciones me las haya mareado con unas copas. Lo que no parece entender la gente es que así soy, no soy inhibido y no necesito valor líquido. Hay gente que me dice que sin unas cervezas ellos no se pueden divertir. No tengo nada en contra de que ellos lo hagan, pero no por eso quiere decir que eso funciona para mí.

Y esto no es un discurso en contra del alcohol ni mucho menos. En realidad ni me incumbe ni me interesa lo que la gente haga consigo misa. Yo me ocupo de mi patio y que cada quien se ocupe del suyo. Lo molesto es que otros a fuerzas quieran que yo me adapte a ellos, a su necesidad de sustancias adicionales en su cuerpo para poder disfrutar la vida. Y luego me salen con que me anime, que no sea maricón. Pues sí, soy maricón, ¿y qué? Lo que no parecen comprender es que el hecho de que no tomo no quiere decir que no sé hacerlo. Puedo aguantar mi licor mejor que la mayoría. Mi sobriedad es electiva. No tomo porque no quiero, no porque no pueda.

Lo más molesto de estar sobrio en una fiesta es tener que aguantar borrachos. Los hay de todo tipo, desde los más divertidos hasta los más idiotas. Lo chistoso es que los enfadosos son los que me siguen a mí. Recuerdo una fiesta de año nuevo donde tuve que aguantar a un idiota en particular que se esforzó tanto en comprobar lo enfadoso que era que hasta la fecha, casi dos años después, aún le saco la vuelta para siquiera conversar con él cuando anda sobrio. Así de asqueado quedé de este individuo. No me agradaba tanto para empezar, pero estar toda la noche gritando, golpeando las mesas, peleando con una vecina de la tercera edad, orinarse frente a una casa frente al dueño para mostrar lo macho que es y estarse cayendo en la calle es algo patético. Y luego, para cerrar con broche de oro, cuando anda en sus sentidos, se la pasa presumiendo lo poco que le importa y que él hace lo que quiere. Paso con este tipo de gente.

Otro estereotípico borracho que me sigue es el deprimido, ¿qué onda? Resulta que les agarra la lloradera y por alguna razón sienten que tienen el derecho de ser escuchados. Quieren lloriquear que los dejaron, que la vida es cruel con ellos y que su gato tiene lagañas y no puede abrir los ojos, ¿en serio? Yo también vine a la fiesta para divertirme, no para terapearte. Por mis amigos hago lo que sea, pero que alguien que ni conozco luego me quiera platicar su vida porque no sabe ni qué onda es algo desagradable. Y para acabarla de fregar, quieren tenerte abrazado y mojándote los hombros con su combinación de lágrimas y saliva. Y aunque te levantes y te sientes en otra parte, generalmente van y te siguen para seguir platicando. Eso no es agradable.

Y sí, soy aburrido para mucha gente. Me gusta reírme y divertirme. Me encanta reunirme con mis amigos y tomar un café y platicar hasta que se me acabe el aliento. Las raras veces que tomo lo hago solo con la gente con la que me siento a salvo. Mis mejores amigos me han visto borracho, pero debo hacer notar que yo soy de los alegres, me da por bailar y platicar, no por llorar ni molestar a nadie. Mi mejor amiga y yo nos reímos como asnos y cantamos como Pavarotti y Mónica Naranjo según nosotros y yo soy Mónica.

Comprendo que mucha gente no entienda cuál es mi diversión. Soy raro, lo sé, pero así me quiero. No trato de decirle a nadie qué hacer pero no me vengan a decir qué hacer a mí. No entiendo cómo la gente exige que respetes sus decisiones mientras tratan de decirte qué hacer. No tiene congruencia. Se vale decir “yo creo” o “mi opinión es” pero no me vengas con “así debes ser” porque eso marca el final de la conversación.

Entonces, querido borracho, sé tú mismo, no intento decir qué hagas, simplemente te pido que no me digas cómo llevar la fiesta yo. No por ser como te funciona a ti quiere decir que yo quiero lo mismo para mí. Y si decides tomar hasta andarte arrastrando, lo respeto, pero no me molestes a mí. Yo no soy responsable de tus actos ni de tu tranquilidad. Tampoco quiero que al día siguiente me andes reclamando que por qué no te cuidé. Por eso mismo no tomo yo. Quiero pasar la velada sin estar aguantando borrachos que insisten en platicar tan de cerca que me la paso ahogado en su aliento. Haz lo que quieras, pero déjame en paz. No es un privilegio el tener tu atención. Ya si quieres saber por qué la gente te evita en las fiestas, te invito a que te preguntes por qué.

En lo personal, estoy harto de lidiar con borrachos, suficiente tengo con lidiar conmigo mismo…

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Saludos afectuosos.

Mostro.

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Artículo publicado originalmente en: https://medium.com/ escrito por Benjamin Freeland

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