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Cuando el Estado nos (des)protege

Por Norma Celia Bautista Romero, norma@humanismo.mx

En este espacio hemos insistido en que los agentes estatales tienen obligaciones y deberes muy puntuales en lo que respecta a los derechos humanos, del mismo modo para ampliar la protección de derechos los Estados se adhieren a instrumentos internacionales que forman parte del corpus iuris de los derechos humanos, lo que al mismo tiempo da margen a nuevas obligaciones que implican hacer efectivos esos derechos, de lo contrario únicamente estaríamos en presencia de simulaciones políticas o de cualquier otra índole, enmarcada en discursos mediáticos repletos de retórica.

En las últimas semanas en nuestro país y en el mundo, hemos sido testigos de agresiones en contra de miembros de la comunidad LGBTTTI, casos en donde la omisión estatal es nula o tardía, lo que produce nuevas vulnerabilidades y que los reclamos, con justa razón, comiencen a subir de tono.

Normunds Kindzulis, un joven paramédico de 29 años fue rociado con un líquido inflamable y quemado vivo en su domicilio en Letonia el pasado 23 de abril del presente año, su compañero, con quien compartía el inmueble, también sufrió quemaduras al tratar de ayudarlo, refirió que lo había encontrado “ardiendo como una antorcha”.

Normunds, había denunciado previamente agresiones en su contra, tanto físicas como verbales, esto en al menos cuatro ocasiones, una de ellas le había provocado lesiones que le impidieron trabajar un tiempo, su agresión era un exmilitar vecino suyo, quien actualmente trabaja en el campo de la seguridad. Las denuncias no prosperaron ya que las autoridades desistieron de la investigación. Ante esto Normunds cambio de domicilio buscando tranquilidad, pero las agresiones en su nuevo hogar no cesaron y debido a las lesiones que sufrió, falleció, las autoridades que investigan los hechos tienen una línea de investigación sobre un posible suicidio, según ellos derivado a las amenazas y agresiones de las fue objeto.

En nuestro país, el 21 de febrero de este año, policías preventivos de Tulum, en Quintana Roo, detuvieron a una pareja gay por besarse en público, circunstancia para ellos reprobable ya que en el lugar había familias y niños que podían observarlos. Sin embargo ante la molestia de las personas que se encontraban en el lugar, quienes comenzaron a grabar el eventos, los policías liberan a los detenidos.

El 26 de abril del 2021, una pareja gay sufre una agresión homofóbica en un bar de Playa del Carmen, Quintana Roo, por lo cual piden apoyo a la policía, sin embargo de los agentes estatales sólo reciben insultos y agresiones para posteriormente ser detenidos, los hechos son puestos del conocimiento del público por las propias víctimas, Jonathan Zamora y Daniel Montiel Verdiales, quienes fueron desnudados y desapoderados de sus pertenencias por parte de la policía, además de sufrir insultos basados en discursos de odio, su detención fue por 12 horas, después de su liberación presentaron una denuncia en contra de los oficiales.

El 17 de abril también de este año, en la estación del metro Hidalgo dos policías les impidieron el ingreso a una pareja gay quienes se dirigían a su domicilio en compañía de un animal de compañía, porque este último viajaba en una mochila y no en una transportadora, sin embargo al solicitar hablar con el jefe de estación, los oficiales comenzaron a insultar a la pareja para después comenzar a agredirlos físicamente, inclusive uno de ellos es lanzado por las escaleras por uno de los oficiales. Después de los hechos intentaron formular una denuncia, pero la autoridad les indicó que había fallas en el sistema, por lo cual esta fue levantada hasta el 19 de abril.

También en el metro, semanas antes, el 18 de marzo del 2021, una mujer policía intentó bajar a una mujer trans del vagón exclusivo para mujeres, ello a pesar de que en el año 2011 se había emitido una recomendación por parte de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, en donde se dejó asentado que las mujeres trans tienen acceso a los vagones exclusivos.

Los casos anteriores demuestran varias áreas de oportunidad, si es que quiere verse de esta forma: i. Continuamos con personal que requiere con urgencia un reforzamiento en la capacitación con respecto al tratamiento de grupos en situación de vulnerabilidad; ii. Los prejuicios y estereotipos siguen presentes en la sociedad, pero más grave aún, latentes en agentes estatales que debería erradicarlos de su actuación porque de ello depende que su trabajo se realice de manera imparcial y objetiva; iii. Continuamos perdiendo vidas o poniendo en riesgo estas, cuando los agentes estatales no atienden sus compromisos y sus atribuciones mandatadas en la normatividad nacional e internacional.

Hoy día, ser agente estatal implica mucha labor, en efecto se reconoce, pero también se requiere una verdadera ética y profesionalismo. Las y los ciudadanos, todes, merecemos autoridades verdaderamente comprometidas, porque las fotos y los discursos se ven bien en otros espacios; pero abajo, donde la gente sufre, necesita y reclama ayuda, o se queda en letra muerta o se van olvidando cuando nuevos casos salen a la luz y los reclamos se vuelven más radicales, y en esos casos, ¿con qué cara sale una autoridad a exigir que no son las formas, cuando se demuestra que no están haciendo su trabajo?

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Artículo publicado originalmente en: https://www.theguardian.com/ escrito por Gabrielle Bellot

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