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Christina no es para los débiles

¿Se imaginan aguantar una lagrimita de la emoción por escuchar una canción profundamente emotiva mientras finges un tono de voz protocolario frente a un escritorio, y a la vez tener una sensación de que la garganta se te está quemando por el sorbo de café caliente que acabas de tomar, mezclado con la sensación de llorar por lo que acabas de descubrir en el nuevo disco de Christina Aguilera?

Bueno, todo eso pasó cuando, la mañana del jueves 15 de junio sentí al ponerle play por primera vez a Liberation, nuevo material de mi güera favorita. Se trataba, pensé, de una “nueva era”, término que los fans de Christina adjudicamos a la etapa que con cada disco empieza. La fecha es importante porque era el comienzo de algo significativo, porque teníamos seis años sin una nueva etapa…para ser sincero, más bien fueron ocho porque el lapso de Lotus (2012) pasó sin pena ni gloria (no quiero decir que fue más pena que gloria, pero así fue).

O me predispuse o el clima de ese viernes era como observar fijamente la portada del disco: un negro que, más que aburrido, parece sobrio, interesante y con ganas de descubrir su fondo. De ese tono sale el rostro de una Christina que poco teníamos acostumbrado ver. Sin maquillaje, sin un peinado elaborado, sin un corte especial de cabello. Todo al natural como lo que estaba escuchando.

Para quienes piensan que el pop es simplón y superficial, Liberation es una muestra del valor de no prejuzgar a alguien ni por su estilo, color, pasado o cuestionables inicios. Aunado a la expectativa, sabíamos que este material no podía decepcionar; es más, tenía que venir con todo el arriesgue y decisión posibles, de lo contrario no queríamos nada.

Aunque un poco cursi, Unless it’s with you es una declaración de rendición al amor; de alguien que no cree en el matrimonio como una institución sino como un acuerdo mutuo de sentimientos. La letra se enriquece de una voz bastante mesurada que, al llegar al clímax, no pierde la entonación a pesar de la emoción que se adueña de todo. Unas cuerdas, un coro y un piano lo completan. El tema cierra el disco, y no pudo tener un mejor final, créanlo.

Como el orden de los factores no altera el producto (y menos este), llama la atención que de las 15 canciones, cuatro sean interludes; es decir, el preámbulo a una escena fuerte…y vaya que el orden en el tracklist fue acertado. Liberation, cuerdas y ambiente de película atrapa y aumenta la ansiedad por saber qué viene; Searchin for Maria, con un tono  poco escuchado y retomado de The Sound of Music; y I Don’t Need it Anymore dan una pausa a los temas largos, por así decirlo. Dreamers es un cúmulo de Christinitas con aspiraciones y convencimiento.

Producida por Kanye West, Maria es una bienvenida a lo refrescante, donde expone su lado íntimo, una introspección al referirse como Maria, su segundo nombre, preguntándose dónde había estado; negándose a estar detrás de maquillaje, cargas y mentiras. Lo hace con acrobacias vocales –creo yo- estudiadísimas para resultar en lo apantallador, pero sin caer en los excesos. Los últimos minutos son una catarsis entre la melodía y un ruego por mantener a ese espíritu que hasta ahora no conocíamos. Un pequeño Michael Jackson le da un toque excepcional.

Le sigue Sick off sittin’, un blues con riffs y mood de concierto que tiene potencial de performance estelar en el tour que anunció. Pocos lo digieren y lo minimizan sin comprender que en el bagaje de Christina circulan personajes, sonidos y matices. Unos dicen que esta no era la ocasión para incluirlo en un álbum o que sale de una línea comercial de la que precisamente está escapando. A mí me complace escucharla aguerrida y determinante. Like I Do igual divide opiniones al abrir con un rapero y por ser menos comercial para los charts hambrientos de hits hechos por computadora que al final parecieran para musicalizar gimnasios.

Fall in line, a pesar de constituirse como un himno de fortaleza para algunas minorías, no me acaba de convencer por la inclusión de Demi Lovato, quien al parecer se sintió aterrorizada por colaborar con una de sus ídolas y quiso emularla; se escucha forzada y, aunque da la nota más alta de la canción, en vivo no tendría el mismo resultado. Una muestra fue la desastrosa colaboración en los Billboard Music Awards de este año. Circula la versión en solitario, que en definitiva es más pura. Junto con Masochist, es una de mis no preferidas.

Algo que siempre destaca en los trabajos de Christina es el impulso a nuevos talentos, a los muy locales o que van iniciando (Sia, el mayor ejemplo). Esta vez abrió sus márgenes a Shenseea y Keida, exponentes de Jamaica a quienes mi rubia favorita se acopla de manera formidable al reggae en Right Moves; algo parecido sucede en Pipe, en donde colabora con el tres veces suculento (lo siento, o lo decía o me enfermaba) piloto británico Lewis Hamilton, en un R&B por demás sensual.

Deserve me recuerda a los bits depresivos de Sleeping with Ghosts, de Placebo (2003), con una letra muy básica que relata la desconfianza en sí mismo al no creerse merecedor de un buen amor y el autoboicot a la relación de pareja. Drama, huele a drama bonito de ese para llorar a gusto. Twice, el segundo tema de Liberation que vio la luz es en-can-ta-do-ra-men-te adictivo; el coro del principio y el piano que sigue envuelve un soul poderoso.

¿Qué puedo decir de Accelerate, el primer sencillo? Es genial, diferente, atrevido y experimental. Con éste, Christina reitera que no se le puede encasillar en un género; caray, creo que el tema completo no se podría familiarizar con uno solo; es una contradicción reclamar que aunque Bionic (2010) tenía una producción enorme y adelantada a su tiempo, fue menospreciado por no sonar a lo mismo de ese entonces. Algo parecido es esta canción porque, si alguien esperaba algo estilo Ariana Grande, Taylor Swift o Katy Perry, son simples novatillos; débiles y simples novatillos.

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