martes , noviembre 20 2018
Home / Compartir / #CartaAUnAcosador, denuncia de una joven periodista

#CartaAUnAcosador, denuncia de una joven periodista

Greta Díaz  detalla las agresiones de que ha sido objeto       

Lo que debió ser una de las noches más importantes de mi vida, por haber recibido un reconocimiento nacional de periodismo, se convirtió en la noche que descubrí a un acosador.

Héctor, el primer recuerdo que tengo de alguien tocándome sin mi consentimiento es en mi propia casa. Yo tenía 8 años, mi vecino entró a la casa, me besó el cuello y me manoseó hasta que llegó mi abuela. Era sólo una niña. Pensé que era un hecho aislado, pero no fue así. A los 10, cuando entrenaba natación, todas las niñas le teníamos miedo al salvavidas porque nos tocaba sin nuestro consentimiento.

Cuando llegué a la adolescencia mi cuerpo se convirtió en objeto. Mis compañeros de la escuela constantemente me veían el escote, jugaban a ver quién lograba meter una bolita de papel entre mis senos. La forma en la que me miraban los hombres ya era distinta, no sabía explicar el por qué. A los 14 recuerdo que, caminando sola en la calle, un hombre me dijo “Chiquita con chichis de oro, te lo quiero poner entre las tetas”; hasta ahora no me había atrevido a decir esas palabras.

Los acosos siguieron, sobre todo en espacios públicos. Compañeros que tocaban mis nalgas sin mi consentimiento, meseros que rozaban con mis pechos“por accidente”, hombres de todas edades me chiflaban y decían palabras obscenas en la calle. Parecía que mis piernas y mis senos tenían vida propia. Alguna vez, cuando un hombre me tocó sin consentimiento, mi tía me dijo “no es para tanto, no exageres”. A partir de ahí muchos acosos fueron normalizados y borrados de mi mente.

Podrás imaginarte que desde que tengo 13 o 14 años los acosos no han parado, comencé a generar mis propios mecanismos de defensa. A los 17 mi novio se molestaba porque no quería tener relaciones sexuales. A los 19 uno de mis profesores me acosaba en clase. A los 25 mi pareja tuvo sexo conmigo sin mi consentimiento, parece que no hay mecanismo de defensa que sea eficiente.

Hace unos meses, mientras yo trabajaba, un hombre me siguió en una calle vacía durante cerca de media hora. Estuve aterrada, sabrás que vivo en el estado con mayor número de feminicidios.

A los 26, recibí un premio nacional de periodismo. Un periodista me dijo “si esto lo logras a tan corta edad, quiero saber qué estarás haciendo dentro de 20 años”. Por fin había logrado que me reconocieran como periodista y como mujer, que me respetaran. Ese periodista fuiste tú. El mismo hombre que, en una reunión con colegas, mientras tomábamos una foto grupal, decidió poner su mano sobre mi seno izquierdo y, cuando yo quité la mano, ejerció fuerza hasta desabrochar mi vestido.

Lamentablemente no tengo evidencia de tu mano en mi seno, pero sí tengo evidencia de tu mirada, esa mirada que he visto cientos de veces, que convierte mi cuerpo en objeto y que hace que me hierva la sangre. Pero la evidencia no es necesaria. Esa misma noche acosaste a dos más de mis compañeras, lo supimos hasta que yo levanté la voz. ¿Qué hubiera pasado si yo no decía nada? ¿Cuántos acosos han sucedido sin que las mujeres levantemos la voz por miedo a que no nos van a creer?

Yo sé que en este mundo hay mujeres que han sufrido acosos sexuales inimaginables. Tal vez tú creas que lo que sucedió esa noche fueron “sólo tocamientos”, pero en realidad me estás diciendo que no me respetas ni como periodista, ni como mujer, ni como ser humano. Que tu placer va antes que mi seguridad y autonomía. También me estás recordando que mi cuerpo será objeto sexual de aquí a que pase mi edad reproductiva, si bien me va. Me estás recordando a todos aquellos hombres que me han tocado y me haces pensar en todos aquellos que me tocarán.

Héctor, me siento cansada. Cansada de ser feminista, periodista y mujer. Estoy cansada de que los hombres me digan una y otra vez que mi cuerpo les pertenece. A los 8 aprendí que no estaba segura en mi casa, a los 10 que no estaba segura haciendo ejercicio, a los 12 que no estaba segura en la escuela, a los 13 que no estaba segura en la calle, a los 25 que no estaba segura ni con mi pareja. A los 26 aprendí que aquellos que dedican su vida a evidenciar las injusticias, también las reproducen. También llegan a ser acosadores. A los 26 aprendí que no estoy segura entre periodistas. Y eso me ha mantenido en estado de tristeza las últimas semanas.

Aunado a esto, me parte el corazón pensar en todas las niñas que, por hombres como tú, hoy aprendieron que su cuerpo no es suyo, porque eso es falso. Estoy cansada de ser esa periodista que escribe de acoso sexual, pero mientras me siga sucediendo y mientras otras mujeres lo vivan, lo seguiré denunciando. Porque los hombres deben entender que no tienen derechos sobre nosotras, porque yo sé que cada vez somos más las que levantamos la voz y que cada vez serán más los hombres evidenciados.

Héctor, sé que tú puedes pensar que tu mano en mi seno no es para tanto, pero sí lo es, sobre todo cuando llevo más de 15 años sabiendo que los hombres no respetan mi cuerpo. Si no comenzamos a denunciar los “pequeños” acosos, jamás lo haremos con los grandes. Lo único que lograste fue evidenciarte como acosador y aumentar mi lucha para evitar que más niñas y mujeres vivan sus vidas llenas de acosos.

Tal vez esté cansada, pero no derrotada.

 

About redaccion

Check Also

Una infinita variedad de sombras

Deja un comentario