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…automóviles y… mujeres. La que quisieras, a tu alcance…

Soy Buga

Crecí con el pensamiento clasemediero: Obtener dinero.

Difícil fue el enfrentamiento entre la construcción de mí mismo con mi realidad, la de mi padre –de pensamiento militar–, respecto al país y su simbología: “La Patria es primero”. “¡De pie y saludar, porque está la bandera! “Cantemos el Himno…”. O los valores inculcados sobre amores, lealtades, conocimientos y formación, el respeto a los mayores, ceder el paso o el lugar o ayudar a ancianos, mujeres embarazadas o con niños en brazos…

Mi entorno con niños bien, a medias, y el vínculo escolar con los barrios más peligrosos que –para mí– eran sitios de relaciones entrañables, de camaradería, gente leña que afronta cualquier evento al lado del compañero, del amigo, pues su integridad, su vida, su lucha es la única forma de pago que tienen, a cambio de momentos.

Mi realidad de la calle enfrentada a mi formación y educación.

Mi libro de historia que también me engañó: Para liberar a los indios oprimidos de los españoles explotadores… Y, luego, Tierra y Libertad, sufragio efectivo… Defender la vida, la familia y el patrimonio de nuestro pueblo.

O el libro que más se acerca a la realidad político-social: Las Buenas Conciencias… similar en sus diferencias con Las Batallas en el Desierto… O más: Clemencia, de Ignacio Manuel Altamirano… Arráncame la vida, cuya autoría se otorga a una pareja sentimental, no obstante sus otras publicaciones.

¿Y?

Acercamientos hubo con la violencia. Igual: Los niños bien y sus familias con el reiterado dime con quién te juntas y te diré quién eres, palabras más o menos, con su actitud criticable de ausencia de identidad en la búsqueda de más dinero –¿culto al dinero?– y la muestra social de la misa dominical y la unión familiar, actitudes más bien vinculadas al retrato de la cotidianidad dispersa en una doble simulación retroalimentada.

O en la escuela, cuando te percatas la problemática familiar asomada en moretones o lesiones con sangre seca en pieles blancas y morenas; sí, de distintos códigos postales, y adivinada en actitudes y miradas, pero encaminada a diferentes hechos que concluyeron en la formación de vidas:

Para todos, la influencia marxista, el capitalismo imperante en sus antípodas acepciones. Independencia de vida, personal, y cambiar el entorno social y hacerlo igualitario. Fui invitado a ambos.

Conseguir dinero, decían unos, para ser respetado. -… sólo la revolución violenta permitirá la transformación social, era el argumento de los otros. Razones sobradas para justificar su existencia.

Ninguno me convenció.

Sin embargo, de entre ellos hubo algunos que pretendían una dialéctica hegeliana –a manera de antítesis– para conjuntar esos opuestos. Apelaban, además, a la fe religiosa: Un santo con flama en la frente y otro, sinaloense, beatificado por la comunidad sin reconocimiento eclesiástico… que ni falta hace.

Era pues, un mundo desconocido y, por tanto, atrayente. Tenía la particularidad del ostensible poder y todos sus beneficios “con poco, muy poco riesgo”, según decía:

-A veces tienes que hacer trabajitos que no son agradables, y que llevan su riesgo. Después, la diversión por días, con todo…

Nadie, por extraño que parezca, se resistía a la violencia que ejercía sobre quienes estaban a su paso. La coacción iba desde su misma vestimenta (zapatos de piel exótica, ropa cara, chamarras, camisas y sacos), carteras de piel ¡y con dinero!, automóviles y… mujeres. La que quisieras, a tu alcance. Incluso el manejo experto del problema mayor, los policías. Todo, codiciado por sus homólogos adolescentes. Incluido yo.

Siempre –ni una sola vez hubo excepción–, aparecían en mi cabeza las voces que obstruyen el camino deseado e impedían la constitución en mí de la máxima ley que rige a quienes están en ciernes: la del menor esfuerzo.

Un par de ocasiones disfruté de esos excesos –sustentados en mi ansiedad de “comerme y correrme el mundo”, el interés que mostró hacia mí por mi acierto en el ámbito escolar–, me hizo ser testigo de los golpes infligidos a alguien de su banda, cuyo motivo desconocía, pero por quien tuve que intervenir, más a manera de convicción de impedir el maltrato a una persona que por él mismo, pues casi todos sus subalternos tenían la característica prepotencia que permite el respaldo económico y un arma. La ley de la calle… El ejercicio del poder en la calle.

Después me enteraría que me perdonó por ser mi primera vez y su amigo. Nadie se oponía a su instrucción. Ningún profesor o autoridad, incluso sus padres, se le enfrentó.

Poco tiempo permanecí cerca de él. Aprendí y entendí lo suficiente.

Al final, la Revolución y la Independencia son parte de un movimiento emergido desde la sociedad, arraigado por la satisfacción de necesidades humanas, cobijadas años atrás (incluso, tiene que ver con el ADN), y prohijadas por lo más básico: el hambre, el deseo… el poder, que no tiene qué ver con determinada clase social.

La fenomenología violenta actual también está enraizada y amparada por la sociedad. El actuar político, enfrentado con el social, desde donde se impulsó décadas atrás: Enfrentamiento de clases, encontradas por sus distantes y distintas realidades, cada una en la visión desde donde se encuentra en el triángulo de la matemática social: La base, multiplicada por la altura y ésta sobre (to)dos.

Diferentes formas de necesidad hacen que el cultivo sea oculto sobre esa línea piramidal, que toma forma y se ase en la pared, con múltiples ramificaciones, pero un solo tronco que lo formó, porque ahí pertenece y, además, alimenta y sostiene.

Cierto: Mi pensamiento clasemediero me y se confirmó: Obtener dinero, pero en la honrosa medianía que definiera el guardián de la patria, cuya historia no cabe en esta historia, pues esta es la Revolución y la Independencia, y su obra es más parte de la definición del Estado mexicano. El ínter.

Esa forma de pensar también me ofrece y permite entender que a fin de cuentas, el obtener dinero es un asunto de poder, por cuya lucha se gestaron movimientos humanos… de cualquier tipo.

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Artículo publicado originalmente en https://aulaintercultural.org

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