miércoles , junio 3 2020
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“Ahí cabe parado si gusta”, dice el taxista…

Espacio Mostroso, por Mostro Vacci

El transporte público en Tijuana es humillante. Aparte de horrible, dañado, incompleto, peligroso y sucio, suben a todo el mundo en un pequeño carro. Cuando tienen capacidad para diez personas, los choferes suben a diecisiete. Honestamente, he visto películas de apocalipsis zombie que tienen mejores transportes que los que ofrece la ciudad.

Lo sé, muchos de ustedes me van a decir que en su localidad es peor, pero yo vivo aquí y es donde me toca ver los problemas directamente. Y el problema no es una ruta, son todas. Podría hacer listas completas con los problemas y peligros que me topo a diario tratando de llegar con vida al trabajo. Siempre que veo al papa besar la tierra cuando se baja de un transporte pienso que llegó a  Tijuana y acaba de bajarse del taxi.

Como hoy. A las cinco de la mañana ando caminando por las calles oscuras de mi colonia (porque al parecer la gente es alérgica a la luz y el gobierno no quiere invertir en cosas dañinas para la gente), llegó el deseado transporte por la calle y cuando estaba abriendo la puerta noté que cada ventana estaba adornada por un par de nalgas. Al asomarme adentro vi que, aparte de estar al tope de su capacidad de asientos, también traía a un montón de gente parada. El chofer me dijo muy campante “ahí cabe parado si quiere”, ¿en serio? ¿Aparte de todo tengo que ir parado? Ni siquiera había dónde agarrarse, así que al primer frenón iba a caer con todos mis kilos encima de la gente porque no son los mejores conductores del mundo. No me subí, pero lo más chistoso es que me di cuenta que el taxi subió a varias personas más adelante. Llegué super tarde a mi trabajo, pero de perdida tuve la “dignidad” de irme sentado, aunque la educación del conductor también dejó mucho qué desear.

En las calafias que van para la casa de mi mamá hay mucho lugar, pero cuando tienes suerte hay asientos. A veces solo tienen un bote de plástico volteado para que te sientes, pero eso sí, llenan la unidad hasta que la gente casi se sale por las ventanas, y esos para rematar siempre traen a un amiguito idiota estorbando en la entrada plática y plática con el conductor.

En los camiones ni se diga. He batallado para salir de ellos de que la gente simplemente está toda apretujada. Y para colmo de todo, el chofer se la pasa gritando que se recorra la gente. Claro, no falta la señora que no se quiere mover, pero la mayoría de las veces ya no hay hacia dónde hacerse. Y siguen subiendo pasajeros aunque no puedan ni cerrar la puerta.

Es más allá de la grosería estar trabajando todo el santo día y que cuando ya agarras las pocas energías que te quedan para irte a tu casa y que el trayecto de una hora vayas de pie, agarrado de un tubo si tienes buena suerte y sacudiéndote porque el chofer conduce como si el baño lo esperara. Hasta parece una forma de tortura. La inquisición estaría orgullosa, ¿acaso será la forma de los poderosos de recordarle al pueblo quién manda?

¡Y para acabarla de fregar la cosa, está carísimo! Más de una vez los personajes que manejan te quieren bajar antes porque deciden que no quieren ir hasta donde tú vas y te bajan del transporte, pero bien que estiran la mano para que les pagues, ¡A una amiga le cobró después de haber chocado! El descaro es impresionante.

Sé qué en México tenemos la cultura de “como no hay competencia, te aguantas”, pero eso es más allá de lo aborrecible. No es posible que un servicio público tan importante sea tan deficiente y sinvergüenza. Va más allá de los valores mexicanos que sé que tenemos. No es posible que tengan sindicatos tan descarados que defienden a la gente que claramente no debe trabajar con clientes. Porque cuando no les conviene sí intervienen los sindicatos y hacen huelgas de transporte, y por mientras el que se jode es el trabajador.

Y aunque no use el transporte público, trayendo mi carro se me avientan como si tuvieran rabia. Al parecer es su mundo, nosotros sólo habitamos en él. Porque llamar a Tránsito del Estado y levantar una queja es motivo de burlas de los que contestan los teléfonos. Más de una vez me he comunicado para reportar a un sujeto peligroso sujeto en las calles conduciendo para recibir un “ah, sí” indiferente como respuesta. A veces me dan ganas de meter la mano por el teléfono y ponerles una buena sacudida.

¿Y quién soy yo? Preguntará la gente “importante” Soy un usuario molesto ante la falta de profesionalismo de los conductores. Soy un cliente harto de la suciedad y el nivel de descaro al traer una unidad sin asientos o con asientos rotos que dejan que los resortes me desgarren la ropa. Soy un ser humano que merece ser tratado con dignidad y con el respeto que doy porque no me están haciendo un favor, me están ofreciendo un servicio. Un servicio malo. Soy un hombre que sólo quiere ir a su trabajo y regresar a su casa sin miedo a que me maten con su poca precaución de manejo. Soy uno de tantos que está harto de ver cómo se burlan de nosotros cuando expresamos nuestras inconformidades, ¡Soy todos!

Quizá pocos se unan a mi voz inconforme y a mis quejas por que no les afecta o no les importa, pero me rehúso a quedarme callado ante esa injusticia.

Y ustedes hermanos, hermanas, ¿qué opinan? Compartan… si se atreven…

Atentamente.

Un Mostro enojado.

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Artículo publicado originalmente en: https://www.nytimes.com/ escrito por  Neil Genzlinger

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