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A Dios no le importa si eres gay o si eres blanco o si eres negro…

Esta lucha tiene que continuar y no vamos a dar marcha atrás

Álvaro Álvarez Aguillón es diseñador de imagen y maquillista profesional pero, por pasión y vocación, es pastor laico de la Misión Días de Amor, una de las congregaciones de las Iglesias de la Comunidad Metropolitana, una iglesia cristiana ecuménica en la que hay gente de todos los credos: católicos, evangélicos, pentecosteses, mormones, testigos de Jehová, entre otros. Usa el título de “reverendo” porque así se le exige, pero afirma que le gusta servir a las personas.

“Tenemos gente de todas las iglesias, somos una iglesia de puertas abiertas donde predicamos inclusión, donde predicamos el amor de ese Dios que nos ama a todos por igual, de ese Dios que no discrimina y no rechaza a nadie, de ese Dios que es amor para todos, eso es lo que predicamos, creemos y compartimos con las personas que llegan a nuestra casa: el amor de Dios es para todos”.

El reconoce la importancia de la fe y la religiosidad, la creencia en Dios, específicamente para los miembros del colectivo LGBT+, pues “es muy importante para nuestra gente un lugar donde no se les excluya, donde no se les rechace, donde puedan vivir libremente su sexualidad, donde puedan vivir libremente una relación entre personas del mismo sexo, donde no sean rechazados, al contrario, donde se les abran las puertas, donde puedan ser quien son sin miedo al rechazo, sin miedo a que los vayan a señalar”.

Álvarez Aguillón nunca ha recibido amenazas o sido agredido por su labor pastoral. Es originario de Río Bravo, Tamaulipas, allá en la frontera con Texas, y su trabajo es salir para llevar el mensaje de Dios porque sabe de la importancia que la fe tiene en la vida de los seres humanos. Se declara y reconoce orgullosamente gay. Tiene una relación de ya siete años con su pareja y además un profundo amor por su comunidad, con la que comparte su fe y a la que en especial le hace saber que, como a él, Dios les ama: “difícilmente puedes ver a una persona del colectivo dentro de una iglesia de cualquier denominación por el hecho de que por siglos se ha predicado a un Dios que no nos quiere, a un Dios que nos rechaza y eso es mentira: Dios nos ama”.

Su iglesia no cuenta con sitios específicos para profesar, a excepción de Monterrey, Nuevo León, donde se estableció desde hace 20 años, pero eso no es impedimento porque para él es más importante salir a buscar a la gente, al encuentro del necesitado, del hermano, del amigo. Él sabe que cuando un joven es rechazado en sus hogares, cuando es corrido y no aceptado, el último lugar al que irían sería una iglesia a buscar apoyo o aceptación, al último que buscaría sería al sacerdote, al pastor, al reverendo, porque “ha sido la propia religión la que por siglos ha sembrado esa predicación, la doctrina de que el gay no es amado por Dios y no es aceptado”.

Ahí está el motivo de su ministerio y su decisión por servir: “por mucho tiempo he visto amigos míos morir sin fe, alejados de Dios, creyendo que Dios no los ama. Los he visto morir tristes, rechazados, humillados, porque siempre la religión les ha dicho que Dios no les ama. Entonces un día dije ‘yo no puedo permitir más esto, yo les voy a hablar del amor de Dios que hay para nosotros, que a Dios no le importa si eres gay, si eres blanco, si eres negro, no le importa nada, él lo único que quiere es que le abras la puerta de tu corazón para mostrarte ese gran amor’. De ahí viene a mí, nace en mí el llevar adelante este ministerio que es para nuestra comunidad y que sepa que Dios le ama (…) es triste ver que nuestra gente busca el suicidio cuando no es aceptada, recurre y cae en vicios, etcétera, porque nadie les ama, nadie les acepta y pues más triste que creen que Dios tampoco les ama”.

Él sabe que el principal obstáculo que cualquier ministro inclusivo debe enfrentar siendo o no gay es la aceptación de la propia comunidad porque trae en su cabeza un chip muy marcado que es el de que Dios no les ama. Está tan marcado y tan arraigado que ellos así lo creen y no puede ser de otra manera porque a ellos se les ha dicho que así lo dice la biblia. Cuando no se tiene conocimiento sobre ciertas cosas pues lo crees, es fácil creerlo, es fácil hasta sentirlo. Creo que es el primer obstáculo, hacer entender a nuestra comunidad que eso es una mentira, que han sido engañados. Ese es el primer obstáculo: hacerles ver que están viviendo una mentira, que han sido engañados”.

Para Álvaro es muy importante que el colectivo del que forma parte se haga notar y se visibilice, salir a las calles y dar ese mensaje a la sociedad: caminar, marchar, en pro de los valores humanos, de la diversidad sexual, del respeto, de la tolerancia, de la libertad, “de todo eso que se nos niega todavía; creo muy importante asumir esas responsabilidades como comunidad que somos. Yo creo mucho en el diálogo, creo mucho en la unión y pues la unión hace fuerza, es tiempo de salir a las calles, de protestar. Aquí desgraciadamente en esta área fronteriza ha sido muy atacada en cuestión de crímenes de odio ya sea por homofobia, transfobia y pues sí, hay que hacernos visibles, salir y exigir justicia y muchas cosas. Esta lucha tiene que continuar y no vamos a dar marcha atrás”.

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